domingo, 17 de febrero de 2008

Jalpan: La misión. (Segunda de tres partes)

Un azul intenso llenaba mis ojos al alzar la mirada en los pocos instantes en los cuales la juguetona naturaleza rozaba con ramas y matorrales las cabezas de estos caminantes.



Nuestra guía (no espiritual) con esa afilada extensión metálica (a Vicente Fox no le traería buenos recuerdos ese instrumento), se abría paso cuando el sendero se estrechaba borrando el camino ya trazado algunos soles y lunas atrás.

El minúsculo susurro de la corriente del río quedaba opacada bajo el ritmo de nuestros pasos. Una marcha inquietante, deseando llegar a su destino. Una alfombra otoñal formada por hojas de álamos, suavizaba nuestros pies.

Toronjas, plátanos, limas, mangos... mmmm. No, no era un tianguis a sortear, eran alguno de los árboles frutales, fotografía del paraíso donde con extender la mano (o tirar la piedra) se podía disfrutar de alguno de ellos.



Rocas grises, rocas pequeñas, rocas gigantes. De estas últimas comenzaron a presentarse en gran proporción. Colosos cuya objetivo era complicar el avance a nuestro destino: la cueva.

La única posibilidad, así como Moíses le dijera a su pueblo, era cruzar a través del río, pero nuestra guía (no espiritual aún) sugirió levar anclas, quitar zapatos, calcetines y poner pantalones arriba de la rodilla.

El reto era imponente. Escasos 10 metros nos separaban del destino, dejando atrás 50 minutos de camino.

Osiris sumergió sus pies sin titubeos, mientras su hermana, quien intentaba recuperarse de una gripa irritante, ligeramente toco con su pie el agua.

Mi acompañante y su hijo, con mayores ánimos (o sabiendo la no existencia de opciones), se embarcaron, teniendo cuidado de no pisar los molestos guijarros del fondo del río.

“No está muy fría”, alcanzó a decirme.

Colgando mis zapatos a un lado, y sintiendo el agua hasta las rodillas, fueron los 2 minutos más divertidos, mientras este fotógrafo, y a petición popular, capturaba el momento.


La cueva

Pocas palabras podría describir un lugar imponente desde afuera. Un capricho en la forma de las rocas esculpidas por el agua literalmente.

Ingresando poco a poco la luz era tragada por aquella inmensa boca. El uso de lámparas y el modo nocturno de la cámara era necesario al seguir andando. No se veía un final en el túnel. ¿qué habrá hasta el fondo? Nuestra guía presumía la existencia de murciégalos.

Proyectando nuestras sombras y alzando la luz para ver nuestros rostros, mi acompañante solo hizo un gesto de no querer averiguarlo.

Y se hizo la luz

Tras algunos minutos de exploración, contemplación e intentos de muchas fotos, guiados en esta ocasión por la luz, nos retiramos del descomunal sitio. Adiós a la cantidad de formas caprichosas de las rocas y a la oscuridad.

El Chuveje

Un ejido privado daba hospedaje a un bosque con una variedad de árboles y un río de mayores proporciones al primero.

Estando en el corazón de la reserva de biosfera de la Sierra Gorda, el siguiente punto a conocer fue la cascada El Chuveje. Acceder al sitio fue sencillo, una brecha y 15 minutos fueron suficiente para admirar el paisaje y una tarde que comenzaba a envejecer.

La acústica y tranquilidad me invitaron a pensar, planear y soñar (si, dije soñar).

Cascada

Protegido por sobrecogedores cerros, la cascada tenía un toque particular.

La fuerza del agua golpeaba en esas rocas planas, mientras el bullicio de la espuma se expandía en un velo blanco, majestuoso.

Cascada del Chuveje

El sol comenzaba a decir adiós notando como esas montañas le impedía iluminar con sus rayos el final de ese río.

El regreso era obligado y en él, la sonrisa de una muñequita atrapo mi corazón. Listones de colores acompañaron mis siguientes minutos.

El hambre era notable, pero algunas golosinas lo aplacaron. La promesa de un pronto aterrizaje se vio abruptamente cortado cuando una fila incontable de vehículos impedían continuar. La razón: un niño.

Ese 5 de enero Jalpan celebraba al Santo Niño de la Mezclita. Oficialmente no es el patrón de la localidad, pero su celebración es sin duda la más importante del municipio.

La noche estaba ahí. Algunas fotos más, recolectando datos y planeando el siguiente día. Una misión más por capturar me esperaba.

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy bueno! realmente increible la sierra verdad?? felicitaciones por esas magnificas fotos!!!