domingo 31 de agosto de 2008

Periodista sí y con orgullo

Era el año de 1998. Lo mantengo reciente en mi memoria. Los nervios, el intentar predecir las preguntas de mis sinodales.

Fue un lunes y el clima habría sido benevolente. El reloj presuroso presionaba con las manecillas la celebración del momento de defender un documento, una tesis.

Subía las escaleras de la Carlos Septién García, mi alma mater. Último piso, no el penthouse.

Fue un 24 de agosto. Y diez años después, hago un flash-back de lo sucedido.

Mis sinodales: Ciro Plata, Ruggero Garofalo, Leopoldo Cano

Cuatro años antes, 1994, en un ambiente enrarecido en lo político y económico. Un supuesto levantamiento armado en Chiapas, una serie de asesinatos a personajes políticos de relevancia (empezando por el candidato presidencial del PRI, el partido oficial), una crisis económica de imborrable recuerdo. En fin, hechos que fueron marcando mi vida profesional a mitad de mi carrera.

Pero ninguno de los anteriores sucesos despertaron tanto mi interés, como las declaraciones del entonces secretario de Relaciones Exteriores, José Ángel Gurría, quien calificó el movimiento zapatista como una "guerra de tinta e internet".

¿Internet? Preguntabame, ¿qué es eso? Para ese momento conocía la existencia de distintas redes universitarias informáticas o los sistemas de comunicación de algunas agencias de noticias, pero escuchar la palabra internet me era algo totalmente desconocido.

Y fue así como poco a poco fui involucrándome en el tema. Recortando cuánta nota periodística encontrara. Recuerdo todavía quien fuera mi jefe durante mi servicio social en Aeropuertos y Servicios Auxiliares, de vez en cuando me entregaba material sobre internet.

Al acercarse el momento de elegir tema para mi tesis, la respuesta fue más que obvia. "Internet: análisis de un nuevo medio de comunicación".

El siguiente paso, elegir asesor de tesis. La tarea no fue sencilla. La razón: el tema era poco conocido al interior del profesorado de mi escuela.

Hablar de periodismo e internet no sería fácil. Finalmente recordé a uno de mis profesores quien vagamente tocó el tema en una de sus materias, al citar a Henri Lefebvre y su personaje el ciberantropo.

Ruggero Garofalo acepto ser mi asesor de tesis, no sin antes advertirme su poco dominio del tema. "Voy a recomendarte con alguien que sí tiene mayor conocimiento sobre internet", palabras más, palabras menos me diría.

Y fue así como contacté al director del Proyecto Internet, del Tec de Monterrey, campus Estado de México: el doctor Octavio Islas.

Gracias a la valiosa asesoría del doctor Islas y a su vez, del maestro Fernando Gutiérrez, también miembro de Proyecto Internet, mi tesis no sería lo que aquel lunes de agosto pude presentar.

Lo siguiente fueron horas y días consultando libros, acudiendo a exposiciones, ferias, realizando entrevistas, contactando a académicos de otras universidades y por supuesto, navegado en la misma web.

El momento.

Los sinodales llegaron a su lugar, los nervios se acumulaban más. La mano me temblaba al momento de abrir un archivo de PowerPoint.

Poco a poco al salón se irían reuniendo amigos, familiares, compañeros de generación y alumnos de la escuela.

Mi exposición comenzó. Con cada clic iba resumiendo los puntos principales de mi trabajo, dando a conocer el medio aún en pañales.

Haciendo pausas para tomar un poco de agua, concluí mi presentación detallando como los periodistas podrían aprovechar internet en su labor diaria. El momento de las preguntas había llegado.

Leopoldo Cano (qepd), quien fuera mi entrañable profesor de Geopolítica, comenzó, aunque más que preguntas, fueron una serie de señalamientos donde quedo encantado por mi exposición. Sus preguntas fueron sencillas, a mi parecer.

Tocó el turno de Ciro Plata, maestro a quien le agradezco su apoyo durante mi breve paso como profesor en la Septién. Sus cuestionamientos se tornaron sobre el lado técnico. Gracias a anteriores horas de navegación en la red, logré responder adecuadamente.

Finalmente mi asesor, quizás viendo la suavidad con la que me trataron sus predecesores, lanzó una pregunta con más filo: ¿Internet no destruiría la memoria de los pueblos? Esto en el contexto de una digitalización total de todo lo existente, libros, periódicos, etc.

Responder no fue sencillo, recordé de un momento a otro el proyecto Gutenberg y otros esfuerzos por intentar llevar los libros y materiales históricos a formato digital. En definitiva, internet mantendría la memoria colectiva e individual de las personas, fue mi respuesta.

Segunda pregunta: ¿cuál es tú página favorita?

Para ese momento mis conocimientos de HTML eran muy básicos y con ellos había logrado con gran esfuerzo crear el sitio de mi actual empresa. Tenía páginas favoritas, sí; pero no vacilé en señalar mi sitio.

Terminó la sesión, era el momento de deliberar. 15 minutos serían suficientes, fuera del aula, saludando a quienes hicieron el honor de acompañarme. Siempre estaré agradecido de su presencia.

El momento llegó y bueno, el resto lo deben imaginar.

Con un documento al frente juré ejercer mi profesión con apego a la verdad y la ética que corresponde.

Diez años de mi tesis y con ella, de ser periodista. Una de las más bellas profesiones.

1 opiniones:

yazmin dijo...

Charly:

Todavía recuerdo como si fuera ayer. No puedo creer que ha pasado tanto tiempo.

¡Qué curioso! pensar que Internet se tornaría en una parte tan importante de tu vida, de nuestras vidas. Creeme que eres una de las personas cercanas a mí, que más sabe del tema.

Me da mucho gusto que te hayas desarrollado tanto profesionalmente y más gusto me da que seas mi amigo.

Yazmín Muñoz