domingo, 25 de octubre de 2009

El informe

Un suspiro.

Revisaba línea por línea, letra por letra el contenido de su discurso. Quitaba puntos, reformulaba frases. Sus dedos brincaban alegres sobre cada tecla, mientras éstas sentían el brío de su ama y señora.

Clara apoyaba su cabeza sobre el respaldo de aquella silla de terciopelo rojo, herencia de su padre.

Fatigada, sola, ligeramente escucha el pasar del tiempo marcado con exactitud en ese viejo reloj empotrado en el muro del fondo.

Su respiro se confunde con el ligero sonido de la habitación contigua donde se aprecia la voz de una Marge Simpson diciendo: '¡Sí, sí lo haré!'.

Sola, vuelve la vista a la pantalla de su portátil, después de percatarse como su atención fue atrapada por aquella fotografía de 1999.

En un abrir y cerrar de ojos, sintió como el clic de esa cámara hubiera sucedido ayer. Era el otoño de ese año cuando tuvo la oportunidad de entrevistarse, gracias a un amigo periodista, con el tercer primer ministro de la República Checa: Miloš Zeman.

Sí, eran sus mozas épocas cuando el socialismo y comunismo le atrajeron cual imán al hierro. Su experiencia en la llamada Europa de Este no fue por demás excitante cuando antes de iniciar campaña logró escapar a China y al Tibet.

El rechinido de la puerta la sacó de absorto en su viaje al pasado, cuando su hijo le decía "Buenas noches mamá".

Aún sin reparar en la hora, solo acertó a pronunciar un buenas noches mientras acercaba la mejilla cálida de su pequeño para darle un beso.

La puerta se cierra y un silencio profundo invade la totalidad de la habitación.

El informe estaba listo y solo deseaba revisarlo una vez más para tener su alma tranquila. Se sabía serena, este documento no puede fallar. Sabía del respaldo del su bancada en el Congreso, pero aún así no quería dejar poros en donde sus detractores pudieran colarse.

No eran los números quienes la atormentaban, no eran los proyectos concluidos durante el año a cumplirse. Tampoco era su idea de poder re-elegirse para el próximo período, y en caso de ser así, temor de su probable contrincante.

Su mensaje debía ser impecable, sin error en el discurso, sin coma o dos puntos de más o de menos.

"¿Cómo es posible que me haya ocurrido esto?", se decía a sí misma, arqueando las cejas y leyendo una y otra vez su escrito.

¡Volveré a empezar! exclamó. Y en un abrir y cerrar de ojos gritó: "¿Podré hablar de Thomas Alva Edisón?, el gran inventor que patentó más de mil inventos".

"Se dice", - continúo, "que para lograr crear el foco, fracasó 10 mil veces, y a la siguiente, triunfante lo hizo".

- "¿10 mil veces?, ¿habrá sido cierto? Desde luego cada sueño de nuestra vida pocas veces se cristaliza al primer intento. Si fallas, lo repites nuevamente tratando de ubicar la falla, lo pones en marcha y si no da resultado, insistes una y otra vez".

- "¡10 mil es un número mágico! No, qué estoy diciendo. El hombre, qué por cierto le cuestionan la patente de la bombilla eléctrica, debió haber fracasado muchas veces. Me lo imagino en el primer intento, como en las películas, su laboratorio debió haber estallado y su rostro ennegrecido".

- "Segundo intento, una mezcla química rara, vertida dentro de un pequeño frasco de vidrio. El olor nauseabundo penetró a todos los rincones de su casa y de sus vecinos,. No descarto escuchar los gritos de alguno de ellos reclamándole al chiflado aquel detener sus experimentos".

- "Vaya, que imaginación la mía. No sé si sea buena idea de hablar de él. No quiero ver la cara de las señoras congresistas cuando de lectura a mi magna obra. Si no las conoceré. ¡Todas son unas mosquitas muertas! Si, si, siempre listas para la foto y decir que la gobernadora no ha hecho suficiente".

- "¡Pamplinas! Como extraño a mis amigas de la pasada legislatura. Si, en particular de Eugene, era siempre un privilegio escucharla y ver como daba sus discursos de como lograr una autorregulación del Estado, y la administración pública debía hacerse de abajo hacia arriba".

- "Comparaba su idea con una fuente. Sus fuertes aguas emergían desde lo más fondo para llegar a lo alto y derramar sus bondades, su brisa a todos lados".

- "Pero eso no es todo. Es una gran cocinera, qué delicias en las cenas de Navidad. Y como podíamos pasar horas conversando, de cualquier tema. De música, teatro, ópera, moda, hasta cosas más intimas y si se daba la ocasión, de hombres".

- "Pensé que estaría conectada aquí, en alguno de los mensajeros instantáneos. ¡Realmente la extraño!".

- "A ella le debo todo el consejo ahora aplicado en mi administración y el cual debo mantener claro en cada una de las personas que mañana me escucharán".

Clara continuaba su soliloquio, la lampara en color platino iluminaba cada expresión, cada arruga producido por las atenuadas gesticulaciones.

Un mensaje llegado a su teléfono móvil la interrumpió. Era su secretario y en él, le adjunto un documento confidencial.

No queriendo dejar de lado la tormenta de ideas llegadas como un huracán a su mente, seria, con unos ojos cafés y su cabello todo desacomodado, suspiro enormemente.

En ese minuto supo que debía ingresar a su mensaje, una decisión muy importante. Muy seguramente la más impactante y trascendente de su gobierno.

Era algo riesgoso. Un asunto dejado en el cajón de los pendientes, pero al cual debía darsele salida a la brevedad.

Semanas atrás lo había discutido con su pareja sentimental. Su máximo temor era ser vista como la mala de la película, la bruja de Blancanieves.

Ya se imaginaba a los medios críticos, destazando punto por punto la decisión a tomar.

Pero en el otro lado, no quería pasar a la historia como la gobernante que dejo pasar, que no quiso hacer frente a su destino.

"¡Qué difícil!", se dijo.

El alba comenzaba a pintarse en su ventana. Un baño en la tina y unos cuantos minutos de sueño le bastarían para tomar energías y dar su mejor cara. En menos de un par de horas, su secretario, el personal de medios, maquillistas, peinadoras y cuanta mil gente llenaría su casa.

El día del Informe habría llegado, y con ella la acompañaba el coraje y la valentía de una mujer frágil, que en lo último que desearía es ser comparada con la Margaret Thatcher moderno.

Un suspiro mientras miles de rostros la miraban fijamente.

Otro suspiro...

"Ciudadanos..."

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Muy buena narrativa Charlie, gracias por compartir!