Mostrando entradas con la etiqueta personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personal. Mostrar todas las entradas

lunes 7 de julio de 2008

Empezar el tres por ciento...

No sé si te ha ocurrido. Debes hacer cierta actividad y terminas realizando otra opuesta o distinta a la originalmente planteada.

Lo peor es cargar con sensación de ¡ouch!, ¿pero por qué no lo hice?

Es común, comienzas algo, no lo terminas. Revisando algunas notas sobre qué hacer cuanod se presentan estas situaciones, palabras más o palabras menos el consejo es: no intentes comerte todo el pastel, no quieras hacer un gran proyecto de un sólo jalón. Muchos han fracasado al pensar así.

¿Qué es lo ideal? Comienza con un simple paso: el tres por ciento del total.

Así como muchas cámaras incluyen una retícula para dividir tu toma, haz lo mismo con tu idea o proyecto. Divídelo en fracciones y empieza con el 3 por ciento. Es mejor que un gran bocado para ese pastel.

Bueno, después de esta reflexión, inició mi 3 %

miércoles 9 de abril de 2008

Cómo anuncio de Visa, pero al revés

No hace mucho tiempo, la empresa Visa difundió un anuncio por televisión en el cual se apreciaba un restaurante donde todo era armonía, la preparación de alimentos, el ir y venir de comensales y en particular, la fila de esa caja en donde todos pagaban con su tarjeta.

Esta precisión de reloj suizo se vio abruptamente quebrantada cuando alguien realiza su pago con efectivo.

Por qué traigo esto a colación. Hace algunos años decidí ordenar mi vida hablando específicamente de números, money, la alcancía, Mr. Pig, como quieran llamarle.

Todo esto motivado por un desorden que venía arrastrando de tiempo muy atrás y de no muy buenas experiencias. Eso me llevo a tomar la decisión de usar en mayor medida el dinero electrónico, el plástico, virtual money.


Si mi vida estaba volcando a un mayor uso de los bits, ¿por qué no hacer lo mismo con el dinero?

Hago un paréntesis, para ese momento mi idea fue digitalizar varios procesos, tanto personales, como de la empresa a mi cargo. He ahí la razón de integrar este asunto ahí.

Sé que en México el tema de la bancarización, el uso de tarjetas u otros medios de pagos electrónicos sigue en pañales, no dejando de lado la desconfianza de la gente, la tradición de usar papel moneda, la intromisión del gobierno para asuntos fiscales o el gandallismo de los bancos para cobrar por lo que sea.

No obstante lo anterior, tome la decisión y comencé a hacer una lista de los sitios a donde regularmente acudo a comprar y banee aquellos donde no aceptaban pagos electrónicos (tarjetas en particular).

Al ver la lista final, me dije: "Caramba, excepto WalMart el resto ha quedado afuera". Así que abrí un apartado donde recibí a algunos que no podían ser sustituidos y una tercera de aquellos que sí.

Así fue como he obtenido esa costumbre de usar medios electrónicos para pagar a la mayoría de lugares a los que acudo. (Sí, sí, la tarjeta, pero se oye más cool medios electrónicos).

Algunos me dirán si a la larga no es más caro (comisiones, precios, etc.). Cierto, pero el beneficio de saber en qué rayos me gasto el dinero, montos, fechas, etc., me es más valioso que dejar de conocerlo.

Regresando al anuncio de Visa, esta semana me sucede algo curioso en tres diferentes tiendas, con una escena similar.

Estando en la fila, la cajera intenta darle su cambio a la persona que me antecede, sin embargo no logra juntar los suficientes billetes y monedas para cubrirlo.

Voltea hacia mi y me pregunta si voy a pagar con efectivo. (En su cara se veía como esperaba fuera su salvación).

Con tarjeta en mano, lamenté desairarla diciéndole que no.

De inmediato su rostro se frunce (como en el comercial) y busca a su supervisor para pedirle cambiar ese billete grande.

Es por eso que me sentí identificado con el anuncio, pero al revés.


domingo 17 de febrero de 2008

Jalpan: La misión. (Segunda de tres partes)

Un azul intenso llenaba mis ojos al alzar la mirada en los pocos instantes en los cuales la juguetona naturaleza rozaba con ramas y matorrales las cabezas de estos caminantes.



Nuestra guía (no espiritual) con esa afilada extensión metálica (a Vicente Fox no le traería buenos recuerdos ese instrumento), se abría paso cuando el sendero se estrechaba borrando el camino ya trazado algunos soles y lunas atrás.

El minúsculo susurro de la corriente del río quedaba opacada bajo el ritmo de nuestros pasos. Una marcha inquietante, deseando llegar a su destino. Una alfombra otoñal formada por hojas de álamos, suavizaba nuestros pies.

Toronjas, plátanos, limas, mangos... mmmm. No, no era un tianguis a sortear, eran alguno de los árboles frutales, fotografía del paraíso donde con extender la mano (o tirar la piedra) se podía disfrutar de alguno de ellos.



Rocas grises, rocas pequeñas, rocas gigantes. De estas últimas comenzaron a presentarse en gran proporción. Colosos cuya objetivo era complicar el avance a nuestro destino: la cueva.

La única posibilidad, así como Moíses le dijera a su pueblo, era cruzar a través del río, pero nuestra guía (no espiritual aún) sugirió levar anclas, quitar zapatos, calcetines y poner pantalones arriba de la rodilla.

El reto era imponente. Escasos 10 metros nos separaban del destino, dejando atrás 50 minutos de camino.

Osiris sumergió sus pies sin titubeos, mientras su hermana, quien intentaba recuperarse de una gripa irritante, ligeramente toco con su pie el agua.

Mi acompañante y su hijo, con mayores ánimos (o sabiendo la no existencia de opciones), se embarcaron, teniendo cuidado de no pisar los molestos guijarros del fondo del río.

“No está muy fría”, alcanzó a decirme.

Colgando mis zapatos a un lado, y sintiendo el agua hasta las rodillas, fueron los 2 minutos más divertidos, mientras este fotógrafo, y a petición popular, capturaba el momento.


La cueva

Pocas palabras podría describir un lugar imponente desde afuera. Un capricho en la forma de las rocas esculpidas por el agua literalmente.

Ingresando poco a poco la luz era tragada por aquella inmensa boca. El uso de lámparas y el modo nocturno de la cámara era necesario al seguir andando. No se veía un final en el túnel. ¿qué habrá hasta el fondo? Nuestra guía presumía la existencia de murciégalos.

Proyectando nuestras sombras y alzando la luz para ver nuestros rostros, mi acompañante solo hizo un gesto de no querer averiguarlo.

Y se hizo la luz

Tras algunos minutos de exploración, contemplación e intentos de muchas fotos, guiados en esta ocasión por la luz, nos retiramos del descomunal sitio. Adiós a la cantidad de formas caprichosas de las rocas y a la oscuridad.

El Chuveje

Un ejido privado daba hospedaje a un bosque con una variedad de árboles y un río de mayores proporciones al primero.

Estando en el corazón de la reserva de biosfera de la Sierra Gorda, el siguiente punto a conocer fue la cascada El Chuveje. Acceder al sitio fue sencillo, una brecha y 15 minutos fueron suficiente para admirar el paisaje y una tarde que comenzaba a envejecer.

La acústica y tranquilidad me invitaron a pensar, planear y soñar (si, dije soñar).

Cascada

Protegido por sobrecogedores cerros, la cascada tenía un toque particular.

La fuerza del agua golpeaba en esas rocas planas, mientras el bullicio de la espuma se expandía en un velo blanco, majestuoso.

Cascada del Chuveje

El sol comenzaba a decir adiós notando como esas montañas le impedía iluminar con sus rayos el final de ese río.

El regreso era obligado y en él, la sonrisa de una muñequita atrapo mi corazón. Listones de colores acompañaron mis siguientes minutos.

El hambre era notable, pero algunas golosinas lo aplacaron. La promesa de un pronto aterrizaje se vio abruptamente cortado cuando una fila incontable de vehículos impedían continuar. La razón: un niño.

Ese 5 de enero Jalpan celebraba al Santo Niño de la Mezclita. Oficialmente no es el patrón de la localidad, pero su celebración es sin duda la más importante del municipio.

La noche estaba ahí. Algunas fotos más, recolectando datos y planeando el siguiente día. Una misión más por capturar me esperaba.

miércoles 2 de enero de 2008

3 y 4

3 y 4 suman 7, de acuerdo a la matemática. El 7 siempre me ha sido un número de suerte, tomando en cuenta ser setentero de nacimiento. 7 y 4, esos son los números mágicos.

Un año más, así es. Después de recibir al año nuevo, recibo otro más a mi cuenta personal este día.

Capricornio por partida doble, por día y hora de nacimiento, este nuevo año me significa plantearme nuevo retos, nuevas mejoras, lograr planes y consolidar aquellos en progreso.

El año recién concluido, en términos generales fue satisfactorio, con éxitos y también fracasos. De ellos, intento aprender mucho.

Qué más agregar. Simplemente agradecer a quienes me han brindado su amistad, ya sea de unos días a la fecha o de varios años atrás.

Este miércoles, con todo y frío, sean cordialmente invitados a una reunión y de esta manera, celebrar. :D

Bienvenidos a mi blog

¡Gua! Abrí mi cuenta en blogger en 2003 y hasta hoy me atrevo a publicar un blog mío, mío, mío dentro de la plataforma del hoy todopoderoso Google.

Algunos se preguntarán, ¿qué pasará con Alambre?, ¿acaso enloqueciste y dejaras a la deriva al de por sí a veces abandonado blog de tecnología y sociedad?

La respuesta es: Alambre continua, y en breve apreciarán algunos cambios para rejuvenecerlo y llenarlo de vigor.

Ahora la duda es, ¿qué haces en Blogger?

Respuesta querido lector. Desde algún tiempo atrás traía la inquietud de lanzar un espacio más personal, donde pueda exponer ideas, pensamientos, vivencias, un poco más de mi, algo que por razones, creo más convenientes, no tenían cabida en Alambre.

Comienzo aquí, pasen a lo barrido y pónganse cómodos en el mejor lugar de la blogósfera.